19.1.10

Blueshit


Blueshit es un proyecto que nunca ha sido bien recibido por la ¿crítica? local ni por la audiencia en general, sólo unos pocos hemos visto en esta propuesta algo realmente original y, debo decirlo, sumamente perturbador, como una droga sumamente adictiva que alguien te regala en algún bar o afuera de la escuela, luego no sabes por qué pero no puedes parar de buscarla, usarla y abusarla. Lo mejor —o lo peor— es que ellos mismos siguen cumpliendo la función de dealers musicales, te siguen proporcionando esa droga de manera gratuita hasta la saturación absoluta. Quizá en esto último estriba el rechazo por Blueshit: en el miedo inmenso a que termine gustándote, porque no es algo convencional ni aceptado por la mayoría; no entra en la música legitimada por las masas.

Blueshit está integrado por dos piezas fundamentales: Javier González, guitarrista intuitivo, quien le brinda a las composiciones la (des)mesura adecuada y constante, es el complemento perfecto para la locura creativa de Arturo Hinojos quien impregna las composiciones con una voz monótona, entre lo infrahumano y lo robótico, como sacado de una pesadilla de David Lynch.

Arturo Hinojos se considera a sí mismo más un artista plástico que un músico, así, complementa sus creaciones con una infinidad de videos albergados en Youtube. Cada video está hecho a partir de técnicas muy sencillas de edición caracterizadas por una personalidad cromática única que sumerge al espectador en un irrevocable y torcido mundo visual donde desfilan personajes grotescos y cotidianos a la vez; son cuadros plásticos que recuerdan lo más sórdido y subterráneo de la ciudad de Chihuahua.

Hay suficiente evidencia para afirmar que no existe algo lejanamente similar a Blueshit en todo México, incluso en el panorama global. La propuesta de Arturo y Javier no puede ser encasillada; buscar sus influencias y aplicarlas en las composiciones es un ejercicio de crítica fútil. Olvidemos el Post punk, es un lloriqueo sin más sentido vigente que un homenaje generacional; el Trip hop es lejano, anacrónico y frío: en comparación resulta un bonito juego de niños.


Como bien lo han dicho sus creadores, Blueshit no es precisamente música “es más un concepto” integral, una experiencia estética transgresora e incómoda, que nace y se nutre de la filosofía de independencia nacida del indie —en su irrecuperable contexto original—: "do it yourself" o “hazlo tú mismo”, es una forma de romper y expandir fronteras artísticas a través de los pocos recursos de creación y difusión que el artista tiene en sus posibilidades, todo en calidad de independiente. Blueshit lo ha demostrado con una hiperbólica cantidad de canciones y videos, son prolíficos en extremo; por estadística, tiene que gustarte al menos un 1% de la música de Blueshit, eso nos daría un promedio de 10 a 15 canciones como mínimo —tomando en cuenta que un servidor sólo conoce alrededor de 100 o 150 canciones. Pero la música no es estadística, Blueshit tampoco lo es, su vertiginoso proceso creativo no es una pretensión, es la expresión desbordada de una naturaleza extraña y marginal, eso es lo que realmente fascina, perturba o aterroriza a todo el que se acerca.

El rechazo no ha sido precisamente un factor negativo en el proceso creativo de Blueshit, si acaso representa algo debe ser más el papel de combustible o inspiración; el que rechaza la música de Blueshit por cacofónica, ingenua o imposible también forma parte de Blueshit. Blueshit es música —aunque uno a estas alturas se pregunte, ¿es música realmente?— marginal que refleja la neurosis del individuo posmoderno; evidencia el vacío de las masas, de la música y la sociedad a nivel local y nacional. Es una experiencia que puede llevar al escucha desde un estado melancólico y angustiante, como las confesiones marginales de adolescencia en "Así soy", hasta la psicodelia híper violenta de "Le fool fox" o “Amor gore en Harvard”.

Blueshit no es sólo un grupo, no como lo conocemos comúnmente, es sumamente difícil de explicar, simplemente se tiene que estar dentro para apenas darse cuenta de todo lo que encierra y que sus canciones son tan sólo una mínima proporción de lo que ofrece Blueshit como experiencia artística y fenómeno artístico.

En la mitología de las culturas antiguas se considera la escatología como la destrucción necesaria para alcanzar la renovación de los ciclos eternos, este sentimiento puede bien ser la encarnación de la música basura de Blueshit: destrucción y descenso a lo más bajo, al infierno o a la tierra misma. Así, Blueshit se vuelve no sólo propuesta sino experiencia necesaria para un mundo en destrucción disimulada por la tecnología y las modas cada vez más fugaces e irrecuperables.


Que quede bien claro: Blueshit no es para sensibilidades poéticas, aunque en el fondo encierra una poesía sucia e hiperrealista, que toma su forma a través de música y palabras incendiarias.
No espero que alguien comprenda esto que escribo, lo que encierra esto que llamo Blueshit —de lo cual a veces me obligo a descreer—, pero sé que habrá un momento cuando la felicidad pierda todo su sentido, tal vez en ese momento cualquiera pueda verse reflejado en esta expresión artística, “de culto” la llamarían algunos, yo prefiero llamarla simplemente atemporal y universal.

este artículo apareció en la revista local y fue escrito por Jesús Hernandez.


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